Existe la creencia popular de que la terapia de pareja es el "último recurso" antes del divorcio. Sin embargo, las parejas más saludables acuden a terapia precisamente para evitar llegar a ese punto de desconexión total.

Lo que la terapia NO es

Para desmitificar el proceso, es importante aclarar qué no hacemos en el espacio terapéutico:

  • No buscamos culpables: No hay un "bueno" y un "malo", sino dinámicas relacionales que no funcionan.
  • No es el juez: El terapeuta no decide quién tiene la razón en las discusiones.
  • No es magia: Requiere esfuerzo, vulnerabilidad y compromiso activo por parte de ambos.